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17 | 02 | 2021 Interés General

Mensaje del Obispo Fernández ante el comienzo de la Cuaresma

Mensaje del Obispo Fernández ante el comienzo de la Cuaresma

El Obispo de la Diócesis de Rafaela difundió un mensaje por el comienzo de la Cuaresma con el miércoles de cenizas. Dijo que la Cuaresma nos hace vislumbrar un horizonte de esperanza

Al querido Pueblo de Dios, que peregrina en la Diócesis de Rafaela.

     Con el deseo de suscitar la confianza y la alegría, la esperanza y la paz de las familias, en estos tiempos difíciles de Pandemia, nos abrimos a este “Tiempo del Comienzo de la Cuaresma”, con  el ;  necesitados y vulnerables, pero conscientes siempre de sabernos amados por nuestro Padre misericordioso, que no olvida a sus hijas e hijos, sino por el contrario, que cuida atentamente y no deja de motivar en cada uno, la Vida Nueva de La Pascua de Jesucristo, lograda para nosotros con su Pasión, Muerte y Gloriosa Resurrección.

     La ceniza simboliza hoy la llegada de una Cuaresma muy particular, dejándonos tocar por el mismo que sabe, porque lo vive en sus hijos, del actual sufrimiento humano, ante el dolor, la angustia y la tristeza por la que pasa nuestra vida. Nuestro Padre no es indiferente a esto que nos pasa, ni se desentiende o está lejano, sabe que nuestro corazón está desgarrado, roto y sin vida.

     Abramos el corazón a la “Palabra Viva de Dios” en esta Cuaresma, que siempre es eficaz, realizando lo que nos dice. Este es un “Tiempo Fuerte de la Liturgia”, es presencia  del Invisible, que se hace compañero de camino, para no sólo sufrir con nosotros, sino fundamentalmente para iluminar, animar y fortalecer, porque “Él es compasivo y bondadoso, lento para la ira y rico en perdón misericordioso” (Sal 103,9).

     Todos necesitamos ser, y por eso acudimos en Cuaresma a la fuente de agua cristalina y limpia que es la Vida de Jesús, para purificarnos y convertirnos una vez más. Queremos “tocar”, aunque más no sea su manto, como aquella mujer del Evangelio, y ser sanados (Lc. 9,43-48) o dejarnos mirar por Su mirada llena de ternura y compasión, que habrá sentido el apóstol Pedro, cuando lo negó por tercera vez en aquella noche de la Pasión (Lc. 22,54-62).

La Cuaresma

     Nos aproxima a la Cruz, nos conduce al centro de la vida de Jesús, que es Su amor hasta el extremo por nosotros, ocasión para adentrarnos en lo más profundo de sus sentimientos y unirnos a la Cruz, como lo hizo la Virgen María. Hoy nosotros unidos a la Cruz le entregamos los dolores y  sufrimientos  vividos durante la Pandemia y los que aún seguiremos viviendo. 

     Todo dolor o sufrimiento humano en la Cruz de Cristo, cobra su significado y sentido real para la humanidad, alcanzando la plenitud del llamado a ser sus verdaderos discípulos: “el que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su Cruz cada día y me siga” (Lc. 9,23).

     La vida y la muerte son algo que no podemos eludir, nos acompañan siempre. Este de la pandemia, es un tiempo que nos conmovió, nos acercó al misterio y puso ante nosotros el riesgo de ver apagarse la vida, nos dio la posibilidad, y para muchos no sólo la posibilidad de sufrir sino de morir.

     La Cuaresma llega como un a realizar, y desde la Fe nos hace vislumbrar un horizonte de esperanza, que no es un camino interminable, sino que lleva a una ,  a “La Pascua de Jesucristo”. También la Cuaresma nos anima ya que dice la Escritura: “En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. Este es el tiempo favorable, este es el día de la Salvación” (2da.Cor. 5,20-6,2)

     Estemos atentos, abrámonos a Dios, no cerremos el corazón, San Pablo dice que en su , es cuando más se encontraba con el amor de Dios y, qué bueno lo que nos recordaba el Papa Francisco al comenzar la pandemia en esto de ser necesitados y vulnerables: “Todos estamos en la misma barca”, llamados como humanidad a sentirnos solidarios, hermanos fraternos y amigos, todos hijos de un mismo Padre Dios.

     La Cuaresma nos ayuda a despojarnos de la hipocresía, de la altanería individualista. La única a considerar tendría que ser la sanitaria, para cuidarnos del contagio del Covid-19, porque nuestra dignidad humana está llamada a vivirla poniéndonos por arriba de todo partidismo político, ideología o fanatismo de tener , que no escucha ni da lugar al que piensa distinto, discriminando, sintiéndose los salvadores de la historia, avergonzando y desorientando a los jóvenes, que a veces prefieren detenerse sólo en lo virtual y llamativo de las redes. Tan distinto es el sueño de Dios, que creó el mundo para ser habitado por todos los seres y llamados a la de contribuir cada persona con la creación, siendo iluminados por la Fe que trajo Jesús con su Pascua, obrando un mundo nuevo.

     La Pasión de Jesús, entrega total de Su vida por nosotros, ofrecida en el Sacrificio de la Cruz, para que la humanidad no ande a la deriva, sino con la fuerza y el entusiasmo de realizar la vida  con “techo, con trabajo y con pan”, con “honestidad y en paz”, siendo así felices, venciendo: los egoísmos, celos y atropellos; el narcotráfico, la trata de mujeres, los abusos de niños, los suicidios y venganzas. Hasta la misma llegada de las “vacunas” para esta pandemia, nos desafía a ser solidarios con la humanidad.

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