04 | 01 | 2016 Sociedad
Morteros: Un jubilado vive en un camino perdido
“A veces las cosas no salen como uno las esperaba, sin embargo siempre Dios te marca el camino”. Así comenzó narrando su historia Omar Dominino, un jubilado de 73 años que nos cuenta por qué está viviendo en un “camino perdido”.
Omar trabajó toda su vida de tambero y en tareas rurales, con el tiempo le llegó su merecida jubilación, pero como a tantos pensionados no le alcanza para sustentar a su familia, por lo cual decidió habitar un camino perdido para hacer su “rancho”, “sembrar sus propios cultivos” y “criar algunos animales”.
“La verdad que se hacía difícil parar la olla como quien dice” cuenta Omar, entonces “un día andaba por acá y vi este lugar que era un monte, en desuso, desordenado, lleno de mugre y pastizales, pero decidí labrar y cultivar porque esta es una tierra hermosa, fértil que lamentablemente está en desuso y nadie aprovecha”.
Luego de varios días de intenso trabajo para despejar el camino Omar se armó su rancho de palos y lonas y comenzó a vivir en el lugar que para él, no sólo es su fuente de alimentos, sino que además es su lugar de inspiración y armonía.
A pesar de muchas privaciones y necesidades, todos los días, este jubilado de 73 años decide encarar la vida con una sonrisa porque dice que Dios me “presentó este lugar” porque para mí “es un nuevo renacer, una oportunidad de vida”.
Omar, a pesar de no tener las necesidades básicas cubiertas como, un baño, electricidad, agua potable y una vivienda segura, se siente muy cómodo en su lugar donde ya cultivó distintos tipos de hortalizas, vegetales y frutas y además se armó unos corralitos de gallinas, conejos y algunas chivas.
Aferrado a su profunda fe, Omar dice que esto lo logra Dios, “te da las fuerzas para seguir adelante y trasformar este lugar que era un basurero en un paraíso y que me permite alimentar a mi familia”.
Continuando con su relato nos comenta que su mayor preocupación “es que me saquen de este lugar, que al principio era un terreno en desuso pero ahora se convirtió en mi hogar y en mi sustento”.
“Pedí permiso a los propietarios de los campos lindantes, le comenté a algunos ex funcionarios municipales y puse en conocimiento de la policía mi situación y que estoy habitando este camino perdido” aseguró Omar.
“Yo les pido por favor a las autoridades que le den la oportunidad a gente que no tiene trabajo de poder utilizar estos caminos que están en desusos, que son terrenos llenos de malezas, para que puedan cultivarlos, para que se hagan su quinta, que puedan cosechar sus propios alimentos” suplica esperanzado Omar .
Por otro lado uno de los anhelos de Omar, cuando levante su cosecha, es poder ayudar a algún comedor o emprender un evento solidario para donar parte de lo que cultivó con sus propias manos.
No tiene comodidades, pero si fortalezas, no tiene rencores, pero si esperanzas, no tiene dinero, pero tiene fe, no tiene nada, le falta de todo, pero pareciera que le sobra paz. (Nota Luciano Smutt)